Charity case 101

En una ciudad cosmopolita como Barcelona, en pleno siglo XXI, una mujer de 27 años está considerada inexperta ante las vicisitudes de la vida, relaciones rotas, fracaso profesional, amistades profundas y longevas, y demás parafernalia. Sin embargo, la cosa cambia cuando eres una mujer de 27 años cuyos amigos, o la gran mayoría de ellos, están casados, prometidos o en parejas estables.

 De repente todas las quedadas entre amigos se llenan de adorables tortolitos que profesan su amor hacia el otro de forma alarmantemente visible y exageradamente romántica, mientras tú te encuentras en un rincón, con una copa en la mano, deseando que se cumpla la hora reglamentaria que dictan las convenciones sociales para que sea aceptable lanzar una bomba de humo y desaparecer del panorama.

Pero ese no es el problema, no señor. El problema aparece cuando empiezas a notar las miradas acusantes de aquellas que sienten pena de tu soledad porque, seamos sinceras, ¿a quién le gusta llegar a casa y estar tranquila, mientras te bebes una relajante copa de vino a la vez que pones la música que tú quieres, sin que nadie te reproche las decisiones que has tomado en tu vida en los últimos años, cuando has tenido un día eterno en el trabajo? Exacto, a mí y, seguramente, a miles de mujeres que, como yo, disfrutamos de nuestra única compañía.

De todas formas, no es aquí a donde quería llegar. Veréis, estaba estirada en mi cama, viendo mi serie tranquilamente cuando me ha llamado un amigo, Elijah, para decirme con su voz más amigable que se había alegrado de verme la noche de fin de año (ya os explicaré en otro post) y que, casualmente, tenía un amigo listo para presentarme, supuestamente un gran partido. Inocente de mi, acepté su recomendación y empecé a indagar un poco en el asunto. Y esto es lo que he averiguado.

Decidí hablar con mi otro amigo Ayden, que estaba con Elijah en el momento de la llamada, y descubrí que, no solo me había llamado a mí, sino que también había llamado a todas sus amigas, y cito textualmente, “solteras y que valen la pena” para explicarles el curioso caso de este chico soltero, Dylan. En ese momento reaccioné y me di cuenta de que, para mis amigos, no era más que una ficha en el cartón de bingo de Dylan que esperaba formar línea para ver si tenía un poco de suerte y así encontrar a alguien que “curara” mi soledad a la vez que la suya.

Ahora bien, me pregunto ¿mi amigo Elijah quiere presentarme a este chico porque será bueno para mí o es que me he convertido en un caso de caridad, esperando sentada en un banco a que aparezca el chico perfecto que me saque a bailar?

Y así es, la vida según Evangeline.

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2 comentarios sobre “Charity case 101

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