Technicolor lights

En pleno auge del siglo XXI, es inevitable ponerse a pensar en lo mucho que han cambiado las cosas (si para mejor o no, lo dejo a vuestro criterio) en los últimos diez, quince, veinte años. Teléfonos con reconocimiento facial o dactilar, poder hacer una videollamada a personas que están en la otra punta del globo, comprar sin salir de casa, usar juegos de realidad virtual, manejar todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida con un cacharro que cabe en la palma de la mano. Reconozco que todo esto suena increíblemente tentador y que, por supuesto, facilita enormemente los aspectos diarios de nuestro día a día. ¿Quién no querría que le facilitaran las cosas? Desde luego, yo sí. Sin embargo, creo fielmente que todas estas llamadas “ventajas” nos están alejando del único aspecto que una máquina no nos puede proporcionar…

Nuestra humanidad.

De acuerdo, el término apropiado para toda esta generación que se beneficia de la revolución tecnológica es millenial, un término en el que, por desgracia, estoy incluida yo. Sin embargo, creo que es un término que no me identifica, creo que esta palabra significa la total y completa pérdida de todo aquello que hace que la vida sea más sencilla y, sí, más bonita. Obviamente, en este ámbito la frase “renovarse o morir” nunca ha sido más adecuada que en los tiempos que corren. Pero ¿es acertado renovarse o morir, cuando eso significa morir a uno mismo?

“Por qué eres tan dramática”, os estaréis preguntando. No sé si estáis preparados para mi respuesta porque quizá os sentís ofendidos, pero quien no arriesga no gana, así que ahí va: creo que en lugar de evolucionar, estamos involucionando. ¿Por qué, me preguntáis? Porque creo que hemos adoptado un uso inadecuado de estos recursos, creo que estos nos acercan a los que tenemos más lejos, pero que también nos han alejado de aquellos que tenemos más cerca, convirtiéndonos en niños caprichosos, anulando toda creatividad e imaginación. Dejadme que os explique en detalle, a la vez que aprovecho para hacer otra confesión secreta.

Yo, Evangeline, soy una adicta a la década de los 80. En realidad, estoy obsesionada con todas las generaciones anteriores a esta. Y la razón de ello es que todo era mucho más sencillo, la gente era más agradecida, los gestos más pequeños e insignificantes eran los más románticos, y las amistades eran más genuinas y verdaderas. Y os lo demostraré.

Hoy en día, una de las mayores ofensas que existen en todo este mundo de moderneo es dejar de seguir a alguien en una de las tantísimas redes sociales que existen. Mientras que en los 80, principios de los 90, eso equivalía a no ser invitada a la fiesta de cumpleaños de la persona más popu del cole, ofensa considerada tan grave como un pecado y que se pagaba con los incesantes rumores en los pasillos antes de entrar a clase. Después de todo, las fiestas de cumpleaños eran la comidilla de aquella época, todo lo que podía ser digno de mencionar y recordar ocurría en aquellas ocasiones de festejo. Otro ejemplo, un poco más alejado pero no menos importante, es el dramatismo de estar hablando con alguien, enfadarte y colgarle el teléfono. Pero, ¿cómo se hace eso hoy en día? ¿Presionando el botón rojo del telefonito? ¿Dejando en leído en una conversación? Qué ridículo. No hay forma posible de que eso produzca la menor satisfacción que existe de venganza. Ahora yo os pregunto, ¿recordáis el gusto que daba cerrar la tapa de tu teléfono de un manotazo? ¿O colgar con violencia el teléfono fijo? Creo que todos estaréis de acuerdo conmigo (bueno, los nacidos entre los 80 y 90) cuando digo que no había nada mejor que expresar tu enfado y frustración de esa forma tan digna de un Oscar.

Pero lo que me parece más triste de todo, es ver que los niños y adolescentes de hoy en día no son capaces de crear mundos de fantasía con algo tan simple como una muñeca o un coche de juguete, o unas canicas, o unas ramitas de árbol, o una simple caja, por culpa de estas llamadas “ventajas tecnológicas”; cuando todo lo que necesitábamos en aquella época era algo tan simple como eso para imaginar las historias más extravagantes, los personajes más inverosímiles, los lugares más mágicos. Y yo me pregunto, ¿queremos estar más cerca del impersonal futuro alejándonos del pasado que ha moldeado nuestra humanidad del presente?

Y así es, la vida según Evangeline.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s